Por: Vladimiro Roca.
En un artículo titulado “Nada sustituye la vergüenza de nuestra gente”, publicado en el diario oficial Granma y firmado por el director del mismo, Lázaro Barredo Medina, se señalan actitudes negativas de entidades, trabajadores, administraciones, etc.; que, según el articulista, empeoran la grave crisis que atenaza al país hace bastante tiempo.
El susodicho artículo hace referencia a que las medidas de reajuste que se adoptan en muchas partes del mundo para reducir los efectos de la crisis afectan directamente a la población, pero que en Cuba se llama “a toda la sociedad” para enfrentar el impacto negativo de “la contingencia económica y financiera en la búsqueda de que todos aportemos respuestas a las principales prioridades que son la producción alimentaria y el ahorro”.
Después hace referencia a que “el Estado revolucionario (el subrayado es mío) adopta decisiones para impedir el deterioro de los programas sociales fundamentales, como la educación y la salud, sostener el empleo y garantizar por igual a cada ciudadano en la canasta básica las calorías, proteínas y grasas imprescindibles.”
De la lectura del artículo se desprende que las penurias actuales del pueblo cubano se deben a la crisis económica y financiera mundial, en primer término, y a la indolencia de la sociedad cubana en general, en segundo término.
A lo largo del mismo hace referencia a análisis, aportes y esfuerzos que deben hacer los que más sufren los efectos de dicha crisis y sobre los que ha cargado, y recarga, durante 50 años el desgobierno de la pandilla que asaltó el poder en el año 1959.
El señor Barredo Medina, como buen testaferro de la camarilla de los hermanos Castro, disculpa a los verdaderos responsables, diciendo que están tomando decisiones para frenar el deterioro de los planes que, por culpa directa de ellos, se ven amenazados con desaparecer.
Que fácil olvidan u ocultan las verdades históricas todos los cómplices del hato de delincuentes que hace medio siglo usurpan el poder en Cuba.
El articulista hace referencia a “la mentalidad gastadora de muchos compañeros” que ni siquiera preguntan por lo que cuestan las cosas. Al primero que jamás le ha importado el valor de las cosas ni lo que cuesta producirlos ha sido al “compañero Fidel”, derrochador número uno de recursos en Cuba y, creo, en el mundo entero.
Olvida el director del Granma la implementación de la “ofensiva revolucionaria” de 1967 por parte de Fidel Castro, que liquidó lo poco que quedaba de iniciativa privada en el país; que eran los únicos que mantenían producciones y servicios de alta demanda popular con calidad y eficiencia.
Oculta el cómplice de los hermanos Castro que la mentalidad gastadora y el desprecio por el precio de las cosas surgió a partir de la liquidación del Ministerio de Hacienda, ordenado por Castro a mediados de los 60, que no soporta tener que rendir cuentas de nada como buen irresponsable que es, la lucha contra el burocratismo, que acabó con el sistema contable del país y la enseñanza de esa asignatura en el sistema educativo nacional.
Y como colofón de ese odio destructivo que acompaña a Castro en todas sus decisiones que afectan al pueblo; decretó la eliminación de las relaciones monetario-mercantiles, con vistas a prescindir de la circulación del dinero y “construir el comunismo a la par con el socialismo”, introduciendo un sin fin de gratuidades en el sistema económico de su autoría intelectual, que distorsionaron toda la economía cubana, convirtiendo la bella y eficiente Isla de Cuba en el potrero de los hermanos Castro que es hoy. Estos son los orígenes de la mentalidad gastadora de muchos cubanos, gústele o no al director de Granma.
En otra parte de su artículo miente con una desvergüenza inaudita al decir: “La vida nos ha demostrado en múltiples ocasiones que no son los mecanismos espontáneos los que facilitarán soluciones reales, sino el trabajo a conciencia y la participación, desde el más simple trabajador hasta el administrador del centro o director de la empresa, pasando por los distintos niveles hasta llegar incluso a los puestos de dirección de cada ministerio.”, como si el pueblo no supiera que ninguna de las soluciones ni medidas dictadas por la dictadura castrista es para solucionar los problemas del país, sino para mantenerlos en el poder.
El alabardero del régimen defiende a ultranza un sistema económico que no ha funcionado en ningún país que se implantó. Sistema que el imaginario popular ha definido como “el sistema que si triunfa en el desierto de Sahara, a los 5 años están importando arena”. Está definición es resultado de las vivencias prácticas de los cubanos que, lejos de vivir mejor, como es la lógica del desarrollo humano, vive cada día peor y con pocas expectativas de mejorar en un futuro cercano.
Para terminar quiero aclarar el subrayado de revolucionario en el tercer párrafo y por qué está siendo tan utilizado en el último tiempo por las instancias oficialistas.
Desde la perspectiva de Castro la revolución es fuente de derecho, como el mismo lo declaró en los primeros meses de su llegada al poder. Por lo tanto un Estado o gobierno revolucionario puede tomar decisiones al margen de la Constitución y las leyes vigentes en el país, es decir, tienen licencia para continuar delinquiendo, como han hecho en estos 50 años.
A pesar que desde 1976 el país se institucionalizó al adoptar la Constitución socialista, Fidel Castro y su camarilla jamás la ha respetado, pues nunca ha promulgado la legislación complementaria que requiere toda Constitución para la aplicación práctica de todos sus preceptos y normativas.
Por otra parte, para los que vivimos los primeros años de la llamada revolución, gobierno revolucionario es sinónimo de represión, cárceles y fusilamientos; que es, según mi criterio, lo que quiere transmitir el señor Barredo, para evitar que el descontento popular se traduzca en acciones en las calles contra el gobierno.Ciertamente, la vergüenza del pueblo terminará, a la corta o a la larga, con la desvergüenza de los gobernantes y sus cómplices.
El susodicho artículo hace referencia a que las medidas de reajuste que se adoptan en muchas partes del mundo para reducir los efectos de la crisis afectan directamente a la población, pero que en Cuba se llama “a toda la sociedad” para enfrentar el impacto negativo de “la contingencia económica y financiera en la búsqueda de que todos aportemos respuestas a las principales prioridades que son la producción alimentaria y el ahorro”.
Después hace referencia a que “el Estado revolucionario (el subrayado es mío) adopta decisiones para impedir el deterioro de los programas sociales fundamentales, como la educación y la salud, sostener el empleo y garantizar por igual a cada ciudadano en la canasta básica las calorías, proteínas y grasas imprescindibles.”
De la lectura del artículo se desprende que las penurias actuales del pueblo cubano se deben a la crisis económica y financiera mundial, en primer término, y a la indolencia de la sociedad cubana en general, en segundo término.
A lo largo del mismo hace referencia a análisis, aportes y esfuerzos que deben hacer los que más sufren los efectos de dicha crisis y sobre los que ha cargado, y recarga, durante 50 años el desgobierno de la pandilla que asaltó el poder en el año 1959.
El señor Barredo Medina, como buen testaferro de la camarilla de los hermanos Castro, disculpa a los verdaderos responsables, diciendo que están tomando decisiones para frenar el deterioro de los planes que, por culpa directa de ellos, se ven amenazados con desaparecer.
Que fácil olvidan u ocultan las verdades históricas todos los cómplices del hato de delincuentes que hace medio siglo usurpan el poder en Cuba.
El articulista hace referencia a “la mentalidad gastadora de muchos compañeros” que ni siquiera preguntan por lo que cuestan las cosas. Al primero que jamás le ha importado el valor de las cosas ni lo que cuesta producirlos ha sido al “compañero Fidel”, derrochador número uno de recursos en Cuba y, creo, en el mundo entero.
Olvida el director del Granma la implementación de la “ofensiva revolucionaria” de 1967 por parte de Fidel Castro, que liquidó lo poco que quedaba de iniciativa privada en el país; que eran los únicos que mantenían producciones y servicios de alta demanda popular con calidad y eficiencia.
Oculta el cómplice de los hermanos Castro que la mentalidad gastadora y el desprecio por el precio de las cosas surgió a partir de la liquidación del Ministerio de Hacienda, ordenado por Castro a mediados de los 60, que no soporta tener que rendir cuentas de nada como buen irresponsable que es, la lucha contra el burocratismo, que acabó con el sistema contable del país y la enseñanza de esa asignatura en el sistema educativo nacional.
Y como colofón de ese odio destructivo que acompaña a Castro en todas sus decisiones que afectan al pueblo; decretó la eliminación de las relaciones monetario-mercantiles, con vistas a prescindir de la circulación del dinero y “construir el comunismo a la par con el socialismo”, introduciendo un sin fin de gratuidades en el sistema económico de su autoría intelectual, que distorsionaron toda la economía cubana, convirtiendo la bella y eficiente Isla de Cuba en el potrero de los hermanos Castro que es hoy. Estos son los orígenes de la mentalidad gastadora de muchos cubanos, gústele o no al director de Granma.
En otra parte de su artículo miente con una desvergüenza inaudita al decir: “La vida nos ha demostrado en múltiples ocasiones que no son los mecanismos espontáneos los que facilitarán soluciones reales, sino el trabajo a conciencia y la participación, desde el más simple trabajador hasta el administrador del centro o director de la empresa, pasando por los distintos niveles hasta llegar incluso a los puestos de dirección de cada ministerio.”, como si el pueblo no supiera que ninguna de las soluciones ni medidas dictadas por la dictadura castrista es para solucionar los problemas del país, sino para mantenerlos en el poder.
El alabardero del régimen defiende a ultranza un sistema económico que no ha funcionado en ningún país que se implantó. Sistema que el imaginario popular ha definido como “el sistema que si triunfa en el desierto de Sahara, a los 5 años están importando arena”. Está definición es resultado de las vivencias prácticas de los cubanos que, lejos de vivir mejor, como es la lógica del desarrollo humano, vive cada día peor y con pocas expectativas de mejorar en un futuro cercano.
Para terminar quiero aclarar el subrayado de revolucionario en el tercer párrafo y por qué está siendo tan utilizado en el último tiempo por las instancias oficialistas.
Desde la perspectiva de Castro la revolución es fuente de derecho, como el mismo lo declaró en los primeros meses de su llegada al poder. Por lo tanto un Estado o gobierno revolucionario puede tomar decisiones al margen de la Constitución y las leyes vigentes en el país, es decir, tienen licencia para continuar delinquiendo, como han hecho en estos 50 años.
A pesar que desde 1976 el país se institucionalizó al adoptar la Constitución socialista, Fidel Castro y su camarilla jamás la ha respetado, pues nunca ha promulgado la legislación complementaria que requiere toda Constitución para la aplicación práctica de todos sus preceptos y normativas.
Por otra parte, para los que vivimos los primeros años de la llamada revolución, gobierno revolucionario es sinónimo de represión, cárceles y fusilamientos; que es, según mi criterio, lo que quiere transmitir el señor Barredo, para evitar que el descontento popular se traduzca en acciones en las calles contra el gobierno.Ciertamente, la vergüenza del pueblo terminará, a la corta o a la larga, con la desvergüenza de los gobernantes y sus cómplices.
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