Por: Alejandro González Raga.
Foto: Luis G. Juvier.
Cayó de su bicicleta en el perímetro del Casino Campestre, andaba luchando la vida o la noticia para él era lo mismo. Lo hacía como podía y porque siempre lo quería, hurgaba entre el silencio del temor reclamando la información. Un oficio que se le hizo necesario en medio de la ciudad sitiada, lo aprendió a trancazos, como casi todos. Era un periodista Independiente, un comunicador ciudadano. O mejor, un Ciudadano comunicador. Con el mérito de que cumplía con su propósito en una franja sin gasa ni apósitos. Como el corresponsal de una Gue
rra tan extensa como intensa que consumió su vida.
Jorge Enrique Rives Peña ya andaba por estos caminos cuando muchos de nosotros llegó, trabajó en la Agencia Patria, pasó por la prisión, cuando decidió que su hijo Jorgito, no llevaría pañoleta ni, juraría ser como el Ché. Su esposa hermosa y joven lo abandonó en medio de una de sus más profundas tribulaciones porque no soportó seguir durmiendo en el suelo y donde le sorprendiera la noche, muchas veces sin comer. “No le reprocho nada, tiene razón, esto no hay quien lo aguante” decía cuando se refería a ella.
Luego vino el Proyecto Varela y entregamos las primeras firmas en La Asamblea Provincial del Poder Popular en Camagüey, en varias ocasiones viajamos juntos por la provincia creando los Comités Gestores y colectando firmas.
Lo dejé de ver el 2003 por lo de la cárcel y pensaba que con sus 49 años seguiría allí, que estaría para el Cambio por el que tanto trabajó, pero la vida en su irónico actuar quiso que lo enterraran un 26 de Julio en parcela apartada del cementerio de nuestro Camagüey. Jorge Enrique Rives Peña murió de un infarto sin sospechas como puede pasar, dicen que iba en su bicicleta a buscar la vida, y yo sé que lo mató la Mahler, esa desgracia que Simone Weil definió como un juego de circunstancias incontrolables que pueden quitártelo todo en cualquier instante. Rives supo durante mucho tiempo que una decisión en cualquier momento podía abolir lo que era y sustituirlo por cualquier “cosa vil o despreciable” su última nota publicada en Nueva Prensa Cubana (NPC) del pasado día 10 hablaba del acoso contra la prensa independiente en El Camagüey. Había que hacerlo, como tú decías Jorge, y tú lo hiciste.
Cayó de su bicicleta en el perímetro del Casino Campestre, andaba luchando la vida o la noticia para él era lo mismo. Lo hacía como podía y porque siempre lo quería, hurgaba entre el silencio del temor reclamando la información. Un oficio que se le hizo necesario en medio de la ciudad sitiada, lo aprendió a trancazos, como casi todos. Era un periodista Independiente, un comunicador ciudadano. O mejor, un Ciudadano comunicador. Con el mérito de que cumplía con su propósito en una franja sin gasa ni apósitos. Como el corresponsal de una Gue
rra tan extensa como intensa que consumió su vida. Jorge Enrique Rives Peña ya andaba por estos caminos cuando muchos de nosotros llegó, trabajó en la Agencia Patria, pasó por la prisión, cuando decidió que su hijo Jorgito, no llevaría pañoleta ni, juraría ser como el Ché. Su esposa hermosa y joven lo abandonó en medio de una de sus más profundas tribulaciones porque no soportó seguir durmiendo en el suelo y donde le sorprendiera la noche, muchas veces sin comer. “No le reprocho nada, tiene razón, esto no hay quien lo aguante” decía cuando se refería a ella.
Luego vino el Proyecto Varela y entregamos las primeras firmas en La Asamblea Provincial del Poder Popular en Camagüey, en varias ocasiones viajamos juntos por la provincia creando los Comités Gestores y colectando firmas.
Lo dejé de ver el 2003 por lo de la cárcel y pensaba que con sus 49 años seguiría allí, que estaría para el Cambio por el que tanto trabajó, pero la vida en su irónico actuar quiso que lo enterraran un 26 de Julio en parcela apartada del cementerio de nuestro Camagüey. Jorge Enrique Rives Peña murió de un infarto sin sospechas como puede pasar, dicen que iba en su bicicleta a buscar la vida, y yo sé que lo mató la Mahler, esa desgracia que Simone Weil definió como un juego de circunstancias incontrolables que pueden quitártelo todo en cualquier instante. Rives supo durante mucho tiempo que una decisión en cualquier momento podía abolir lo que era y sustituirlo por cualquier “cosa vil o despreciable” su última nota publicada en Nueva Prensa Cubana (NPC) del pasado día 10 hablaba del acoso contra la prensa independiente en El Camagüey. Había que hacerlo, como tú decías Jorge, y tú lo hiciste.
Comentario al Pie de foto por Luis G. Juvier:
Imagen tomada en marzo del 2006 donde Rives me regaló una de sus poquísimas sonrisas en años de nuestra amistad llena de múltiples y variados encuentros. Fue un encuentro casual en la Avenida Finlay casi llegando a la calle B del Reparto Guernica, así éramos, donde quiera que nos viéramos, deteníamos todo y conversábamos, intercambiábamos opiniones, noticias por largo rato ¡Rives fue fundador de la primera Agencia de Prensa Independiente de todo el centro-oriente cubano!
Era un hombre recio, enérgico, curtido en el enfrentamiento a múltiples situaciones consecuencias de sus opiniones, actuar y creencias, según me contó, con formación militar, tenia el halo de ser un ‘seguroso’, para mí siempre fue un hombre serio, pero siempre lo tomé como serio y asumía precauciones.
En la ola represiva de marzo del 2003, cuando casi todos en Camagüey cerraron puertas y ventanas por la ‘cagalera’ que les invadió en cuerpo y alma, Rives Peña se presentó de inmediato en la casa de Amables Casas donde estábamos unos pocos, era en ese momento el lugar de reuniones del Comité Gestor Provincial de Proyecto Varela.
Su disposición: ¡Salir a las calles! No le escuchamos, la historia nos juzgará si fue un error. Estábamos eufóricos, desconcertados, pero no nos llegó el miedo al extremo de la cobardía.
Allí, en ese momento también llegó otra propuesta, esa provenía de otro sector de la población muy marginado; mérito al meritorio, eran los Gay, ellos, en la figura de uno de su principal Yasser Benítez, quien exclamó: “¡Busco a todos mis amigos y nos plantamos frente a la Seguridad del Estado!”
Si, así fue, nos dejamos enfriar. Podíamos haber hecho cualquier cosa…
Jorge Enrique Rives Peña siguió ocupando lugar, reserva y respeto entre todos.
Imagen tomada en marzo del 2006 donde Rives me regaló una de sus poquísimas sonrisas en años de nuestra amistad llena de múltiples y variados encuentros. Fue un encuentro casual en la Avenida Finlay casi llegando a la calle B del Reparto Guernica, así éramos, donde quiera que nos viéramos, deteníamos todo y conversábamos, intercambiábamos opiniones, noticias por largo rato ¡Rives fue fundador de la primera Agencia de Prensa Independiente de todo el centro-oriente cubano!
Era un hombre recio, enérgico, curtido en el enfrentamiento a múltiples situaciones consecuencias de sus opiniones, actuar y creencias, según me contó, con formación militar, tenia el halo de ser un ‘seguroso’, para mí siempre fue un hombre serio, pero siempre lo tomé como serio y asumía precauciones.
En la ola represiva de marzo del 2003, cuando casi todos en Camagüey cerraron puertas y ventanas por la ‘cagalera’ que les invadió en cuerpo y alma, Rives Peña se presentó de inmediato en la casa de Amables Casas donde estábamos unos pocos, era en ese momento el lugar de reuniones del Comité Gestor Provincial de Proyecto Varela.
Su disposición: ¡Salir a las calles! No le escuchamos, la historia nos juzgará si fue un error. Estábamos eufóricos, desconcertados, pero no nos llegó el miedo al extremo de la cobardía.
Allí, en ese momento también llegó otra propuesta, esa provenía de otro sector de la población muy marginado; mérito al meritorio, eran los Gay, ellos, en la figura de uno de su principal Yasser Benítez, quien exclamó: “¡Busco a todos mis amigos y nos plantamos frente a la Seguridad del Estado!”
Si, así fue, nos dejamos enfriar. Podíamos haber hecho cualquier cosa…
Jorge Enrique Rives Peña siguió ocupando lugar, reserva y respeto entre todos.
¡Descansa en Paz, Opositor!!!
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