Dedicado al 20 aniversario de la caída del muro de Berlín.
Por: Julio Romero Muñoz
Como cayeron los muros en el Jericó de la Antigua Era, la historia se repitió como una lección más para toda la humanidad.
Aquel 9 de noviembre los hombres de una misma nación experimentaron la realidad de descubrirse iguales en derechos, el muro de Berlín dejó de ser el experimento tiránico de fragmentar la tierra físicamente y al unísono la conciencia de quienes la habitan. Se deshizo la muralla para que el sentimiento de dignidad se materializara en un abrazo.
Una Oda a la alegría y un canto de cambio quedaron como un rumor persistente y testigo de una gran historia; aislados más que por roca estaban los herederos de una misma sangre más cercano y distante a la vez imaginándose por tiempo en el mundo más cercano y distante a la vez, las miradas cercanas tampoco podían encontrarse por aquella maldición que el diablo humano edificara para impedirlo.
Hay muros petrificados en el interior de las personas, los mismos que persisten hoy en otras latitudes como ésta, en la Cuba en que vivimos. La doctrina férrea que separa, los miedos infligidos que paralizan, la prepotencia, la soberbia y la arrogancia, cosas que el tiempo también seguirá desmoronando, las paredes en los labios que solo derriba quien por fin ya no calla, pero ¡no pueden caer los muros edificados por hombres si la obra de otros hombres no los hacen estallar. La barrera no debe existir para clasificarnos cual especies, más allá de la esencia de nuestra naturaleza.
¡Que caigan pues todas las murallas y se pulvericen con el tiempo, para que en su lugar proliferen verdaderos retoños de paz, justicia y libertad., y que no sean ignorados esta realidad por muchos que cierran los ojos o dan la vuelta por el otro lado.
Por: Julio Romero Muñoz
Como cayeron los muros en el Jericó de la Antigua Era, la historia se repitió como una lección más para toda la humanidad.
Aquel 9 de noviembre los hombres de una misma nación experimentaron la realidad de descubrirse iguales en derechos, el muro de Berlín dejó de ser el experimento tiránico de fragmentar la tierra físicamente y al unísono la conciencia de quienes la habitan. Se deshizo la muralla para que el sentimiento de dignidad se materializara en un abrazo.
Una Oda a la alegría y un canto de cambio quedaron como un rumor persistente y testigo de una gran historia; aislados más que por roca estaban los herederos de una misma sangre más cercano y distante a la vez imaginándose por tiempo en el mundo más cercano y distante a la vez, las miradas cercanas tampoco podían encontrarse por aquella maldición que el diablo humano edificara para impedirlo.
Hay muros petrificados en el interior de las personas, los mismos que persisten hoy en otras latitudes como ésta, en la Cuba en que vivimos. La doctrina férrea que separa, los miedos infligidos que paralizan, la prepotencia, la soberbia y la arrogancia, cosas que el tiempo también seguirá desmoronando, las paredes en los labios que solo derriba quien por fin ya no calla, pero ¡no pueden caer los muros edificados por hombres si la obra de otros hombres no los hacen estallar. La barrera no debe existir para clasificarnos cual especies, más allá de la esencia de nuestra naturaleza.
¡Que caigan pues todas las murallas y se pulvericen con el tiempo, para que en su lugar proliferen verdaderos retoños de paz, justicia y libertad., y que no sean ignorados esta realidad por muchos que cierran los ojos o dan la vuelta por el otro lado.
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